Sergio Bustamante: “Es como si el documental de Matapaco lo hubiésemos grabado ayer”

Quien tuvo a cargo el montaje de este trabajo destaca que en seis años no ha cambiado nada y que las demandas sociales siguen igual de vigentes que en 2013, año de las manifestaciones estudiantiles y del estreno del documental.  

Es un caluroso día de noviembre por la tarde, en Plaza de la Dignidad ya se congregan los primeros manifestantes. A un kilómetro de ahí, más específicamente a la salida de Metro Salvador, una imponente figura se alza en medio del parque. Se trata de la primera versión de Matapaco, escultura realizada a base de material reciclado por el artista nacional Marcel Solá.

Es esta especie de tótem contemporáneo y al que miles de personas le rinden tributo, el que sirve de punto de encuentro para reunirnos con Sergio Bustamante, montajista del documental Matapaco. Sergio no llega solo, lo hace junto a su bicicleta, su fiel compañera.

“Siempre ocupo la bicicleta, me muevo en ella para todas partes, y si soy sincero la verdad es que nunca me ha gustado usar el transporte público, ¡jamás, jamás!, incluso, si tengo la bicicleta pinchada, prefiero caminar. En lo personal siento que el cobro por moverse en el transporte público capitalino es un abuso tremendo, ¡o sea, pagar casi mil pesos por un sistema de movilización que siempre va lleno, que es ineficiente, demoroso, considero que es una burla para las personas! Por mí no lo ocuparía nunca”, advierte.

— ¿Qué te pareció la escultura de Matapaco?

— No había tenido posibilidad de ver la escultura y la encuentro hermosa. Me emociona mucho saber el reconocimiento que está teniendo Matapaco y que por fin la gente lo reconozca por lo que es, un símbolo de las manifestaciones sociales.

El joven, hoy dedicado a la fotografía de moda, integró el equipo que el año 2013 le dio cuerpo al exitoso documental Matapaco, que a la fecha, alcanza las 695.080 reproducciones en YouTube. El grupo de trabajo estuvo compuesto por Víctor Ramírez, director; Francisco Millán, cámara e investigación; el propio Sergio Bustamante, montaje; Nayareth Nain, fotografía; y Carolina García, producción. Todos, estudiantes de Comunicación Audiovisual en la Universidad Santo Tomás.

“Este trabajo nace porque tuvimos que hacer un ramo de documental en la universidad, entonces Víctor, que es el director, presentó un pitch frente al curso y la idea salió seleccionada. ¿La temática?, el Matapaco, el perro símbolo de las protestas estudiantiles. Ahí el profesor le dio el vamos y más tarde Víctor nos invitó a ser parte de este proyecto”, rememora.

Mi encuentro con Matapaco

Sergio recuerda que su primer encuentro con el perro Matapacos ocurrió in situ, mientras filmaban el documental. “Yo, a diferencia de algunos de mis compañeros conocí a Matapaco cuando ya empezamos a grabar. Lo conocí y ¡me pareció un personaje increíble! Al final lo que tratamos de mostrar en el documental fue básicamente eso, una metáfora, que ojalá todos los perros de la calle fueran Matapaco, porque siento que a pesar de que era un perro de la calle, era un privilegiado, la gente lo cuidaba, le tenía respeto, tenía una casa, entonces era un personaje único”, destaca.

— ¿Cómo fue el proceso de investigación para este documental?

— Quien estuvo a cargo de la investigación fue Pancho (Francisco Millán). En un principio fue un poco tragicómico todo porque resulta que teníamos los testimonios, pero no teníamos al perro, y claro, ¡no podíamos hacer el documental sin su protagonista! Entonces se nos ocurrió crear una página de Facebook que tenía por nombre “En busca del negro Matapacos”, así fue como llegamos al contacto de la señora María, la dueña del perro.

La primera vez que fuimos hasta la casa de la señora María, Matapaco no estaba, entonces ella nos decía: ‘no, el viene tal y tal día a quedarse a la casa’, ¡era muy heby todo eso!, porque sabía perfectamente cómo se comportaba el perro y los días que la visitaba, de hecho tenía su pieza, su cama, todo”.

El anhelado encuentro, dice, llegó un par de semanas después, cuando el grupo visitó por segunda vez la casa. En esa ocasión, revela Sergio, fue la propia señora María quien le dice al perro que saliera a saludar: ‘venga, venga a saludar a los chicos que están aquí’, recuerda. “El perro Matapaco fue como un hijo para la señora María, y por como se comportaba, de verdad que parecía ser la reencarnación de una persona, porque era todo demasiado increíble”, destaca.

Un documental alto en contingencia

“Hace poco nos reencontramos con parte del equipo y conversábamos entre nosotros, ‘pucha, es como si el documental lo hubiésemos grabado, no sé, ayer’, porque incluso era el propio Piñera el que estaba en el poder, hasta los letreros pedían lo mismo, ‘renuncia Piñera’. Entonces es un poco triste comprobar que seguimos igual o peor que hace seis años”, subraya.

Que el contexto de este trabajo audiovisual sean las demandas sociales, argumenta, hace que la temática sea contingente a cualquier época. “Personalmente siempre supe que el documental iba a ser eterno entre la contingencia, pero la forma en como se ha divulgado últimamente, está fuera de mis expectativas”, argumenta.

El barómetro de esa popularidad se vio reflejado incluso, mucho antes del estreno, cuando los estudiantes decidieron lanzar el primer trailer a través de Facebook. “Cuando a mediados de 2013 subimos el primer adelanto la gente se volvió loca, estaban fascinados. Algunos medios como Publimetro y The Clinic publicaron un par de noticias diciendo algo así como ‘el perro de la protesta tiene documental’.

Meses después Matapaco compitió en un Festival Interno de la Universidad donde obtuvo el premio a Mejor Documental. El estreno oficial se realizó a través de YouTube donde rápidamente la popularidad se fue a las nubes, tanto así, que incluso hicieron una nota del documental en medios de comunicación de Grecia, porque en ese entonces había un perrito que era muy parecido a Matapaco, entonces lo comparaban. De ahí en adelante, 2013, 2014 empezó a bajar un poco la popularidad, y ya con estallido social revivió todo nuevamente. La verdad es que me emociona mucho saber el reconocimiento que ha alcanzado el documental, pero por sobre todo, por Matapaco en sí”.

Matapaco era bastante conocido en el medio estudiantil. De hecho hay una parte en el documental donde vamos con una cámara oculta a preguntarles a los estudiantes si conocían a Matapaco y varios de ellos nos respondían ‘¡Ah, sí, el perro con la pañoleta, está por allá!’, (risas). Esa parte fue muy bonita y muy emocionante también”.

— Veo que te emociona mucho la historia del perro Matapaco

— ¡Mucho, mucho! La historia de Matapaco es bien esperanzadora para el resto de los perros callejeros, ¡es más, me encantaría que todos ellos fueran Matapaco! Como dicen los testimonios de algunos estudiantes en el documental, el perro de la calle, el perro abandonado, ¡porque digámoslo, tampoco es un perro callejero, no apareció en la calle porque sí, es un perro que fue abandonado!, se identifica con los estudiantes que asisten a las marchas y como que son perritos que andan en busca de cariño, de afecto.

Entonces claramente el contexto se presta para eso, para que las personas se acerquen a esos animalitos y tengan muestras de cariño hacia ellos. Por otra parte está el comportamiento que esos mismos perros tienen hacia Carabineros, ¡se sabe que el perro es un animal bien instintivo!, entonces qué sucede, que cuando están atacando a alguien que los cuida, ellos responden con ladridos y ataques.

Por eso la metáfora al final del documental, la de ponerle los pañuelitos a todos los perritos callejeros, para que ojalá todos pudieran ser Matapaco, precisa.

Documentalistas animalistas

Para Sergio Bustamante, este trabajo no solo significó reconocimiento profesional, sino que también algo muy personal. “El grabar el documental y ver la cantidad de animales abandonados que había en las calles, me hizo ser mucho más consciente con la vida animal. De hecho, yo me hice vegetariano hace seis años, cuando grabamos Matapaco, ¡me golpeó tanto el abandono animal que no pude volver a comer carne nunca más!”, destaca.

— ¿Cómo recibieron la noticia de la muerte de Matapaco?

—Fue demasiado triste. De hecho cuando grabamos el documental Matapaco ya estaba viejito, debe haber tenido entre doce o trece años, ¡era súper viejito! A mí personalmente me alegró que sus últimos días estuviese acompañado por las personas que lo querían y no que haya muerto atropellado en la calle o quizá hasta maltratado por Carabineros. Murió en una clínica acompañado por la señora María y por estudiantes.

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